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16 agosto 2017

¿Mala organización o público maleducado? [OPINION]


¿Cometen tantos fallos los festivales o el público es muy exigente?


Antes de empezar, me gustaría dejar claro que este artículo únicamente representa mi opinión, y yo soy el único responsable de estas palabras. Para cualquier comentario u observación podéis dirigíos directamente a mi twitter.

Bien, he de decir que llevaba bastante tiempo queriendo escribir este artículo, pero han sido los acontecimientos acaecidos durante el presente verano los que me han empujado a hacerlo. Como sabréis (algunos), han pasado casi cuatro años desde que decidimos crear este medio, y desde entonces, han sido muchos eventos de música electrónica a los que he tenido el placer de asistir, tanto formando parte del público como asistiendo como medio de prensa, lo que ha motivado que haya visto de todo, tanto bueno como malo, así como dentro de España y fuera de ella. Por todo esto, me gustaría dar mi opinión acerca de distintos acontecimientos que se han venido produciendo en los festivales nacionales.

Para empezar, me gustaría hacerlo comparando los festivales españoles con los de fuera de España, ya que pienso que así se entenderán mejor los puntos que expondré después. Tema de horarios. Si nos fijamos en la inmensa mayoría de festivales españoles los horarios van desde la tarde-noche (17-20 h) hasta bien entrada la mañana (7-9 h), sin embargo, si nos fijamos en Tomorrowland o EDC UK (se que no se ha hecho este año, pero estuve el pasado) los horarios son totalmente distintos, comenzando a media mañana (12-13 h) y terminando a media noche (12-1 h). ¿Por qué esta diferencia? Bien, en mi experiencia, la gente fuera de España consume dentro de los festivales, por lo que no tienen ningún problema en acceder a los mismos en la hora de apertura o poco más tarde; sin embargo, en España el público esta acostumbrado a la cultura del botellón, aparte de consumir bastante poco dentro del festival. Esto, a veces, es la pescadilla que se muerde la cola, ya que los festivales no reciben suficientes ganancias de las consumiciones y tienen que encarecer el coste de las entradas (o de las propias consumiciones) para equilibrar los ingresos. Además, la gente, en la mayoría de los casos se pierde las primeras actuaciones y entra bastante más tarde a las actuaciones más importantes, lo cual repercute en los pequeños artistas o en los artistas nacionales, dependiendo del festival. 

Además, para terminar de comparar la escena fuera y dentro de España, me gustaría recalcar la actitud del público asistente. En lo que yo he podido ver (que ya digo que no ha sido poco) la educación y la actitud del público fuera de España está a años luz de lo que podemos encontrar aquí. Gente que va a un festival a pasárselo bien, a divertirse, a disfrutar de la música y de la gente, con una sonrisa en la cara y con una rápida disculpa en caso de empujón o pisotón; todo lo contrario (con excepciones, claro está) a lo que se puede ver en nuestros festivales: gente que va etílica, puesta de todo, buscando problemas y, en general, con bastante poco conocimiento de la música o de los artistas que allí actúan. Con esto no quiero decir que todo el público español sea así, por supuesto, pero es una imagen que me he llevado después de vivirlo en distintos festivales.



Dicho esto, no puedo pasar por alto del precio de las entradas de ambos festivales. Mientras que en un festival internacional podemos estar hablando de entradas que no bajan de los 100€ y se sitúan entre los 200€ - 300€ (o a partir de 350€ como en el caso de Tomorrowland), en España podemos ver precios significativamente más bajos. Hablamos de entradas que, nada más salir, pueden costar alrededor de 20€. ¿Dónde está el truco? Bien, evidentemente no estamos hablando de los mismos estándares de calidad ni de los mismos carteles. Sin embargo, por esos 20€ podemos estar viendo auténticos cartelazos con una variedad de artistas y estilos y una calidad bastante interesantes. ¿Qué problema hay entonces? Claro, no podemos pagar 20€ o 50€ y pretender tener una experiencia de 10, como es lógico. Y este es uno de los puntos que me gustaría marcar como críticos de este artículo. ¿Por qué la gente, pagando una reducida cantidad de dinero, pretende que el festival y la organización sean perfectos? ¿Por qué hay gente quejándose por cualquier cosa de cualquier festival nacional? Es cierto que se cometen fallos, de bulto o insignificantes, pero echando un ojo a las redes veo quejas de todo tipo, que son de sobra conocidos y no me voy a parar a enumerar. ¿Quieres vivir una experiencia de 10 y que todo sea perfecto como en un cuento de hadas? Entonces paga 400€ (por redondear) y ve a Tomorrowland. No tendrás ni una sola queja y tu experiencia será perfecta. ¿Por qué el público español se empeña en quejarse por todo e inundar las redes sociales difamando a los festivales y, en algunos casos, a los artistas? Resumiendo, por la mala educación que hay en este país. No mala educación en un sentido negativo, sino en el sentido de que el público está muy mal acostumbrado, ya que en la mayoría de los casos no ha visto lo que hay fuera de aquí.

En parte, y en mi opinión, la culpa de todo esto la tiene, en gran parte, el auge de las redes sociales. Hoy en día, cualquier persona puede expresar su opinión en redes sociales y que ésta se haga viral, condicionando así la opinión que otras personas puedan tener de un festival. No hablemos ya de si se trata de un twitstar o una persona popular dentro del mundillo. El peligro de esto es que dentro de estas personas anteriormente mencionadas pueden haber distintos perfiles: tanto el que no tiene mucha idea de música y solo va a los festivales por el postureo, como el hater que trata de fastidiar a un festival en favor de otro, como el chavalillo de 18 años que acaba de ir al primer festival de su vida. Todos estos perfiles hacen que los festivales tengan que superar otra barrera, la de su imagen en las redes sociales.

Esta barrera no siempre se ve superada de la mejor manera por la organización del festival de turno. Vemos ejemplos de festivales que optan por invitar a influencers (craso error, en mi opinión) para generar opiniones positivas en las redes. Estas opiniones casi nunca serán de calidad, ya que la mayoría de ellos tienen escaso o nulo conocimiento de la música y pueden llegar a generar conflictos. Por otra parte están los que vuelcan por completo en sus redes hasta el punto de interactuar de forma desenfadada con sus seguidores y brindar toda la ayuda posible o, en el otro extremo, los que se limitan a dar la información relacionada con el festival y no contestan ninguna de las preguntas que puedan surgir respecto al evento.

Como vemos, cada organización detrás de cada festival opta por su estrategia comercial, ya sea mejor o peor, pero hay gente que siempre tratará de menospreciarla o denigrarla públicamente, ya que está en la conciencia de algunas de estas personas el ganar protagonismo y seguidores a costa de la humillación pública que, en vez de generar rechazo en el resto de seguidores, causa gracia y genera apoyo.


Todo esto lo digo por un motivo. Como todos sabemos, desgraciadamente han ocurrido una serie de sucesos en los últimos festivales españoles celebrados. Desde las redes sociales se han hecho virales una serie de declaraciones y acusaciones que han dejado en muy mal lugar a éstos, provocando un salseo y un malestar que no hace ningún favor a nuestra escena. El problema que veo en esto, es que todas estas declaraciones y acusaciones están hechas desde una o varias personas y directamente se toman por ciertas y válidas, sin contrastar, en ningún momento, con las posibles versiones de las demás personas involucradas en los sucesos. Esto da lugar a que una persona, miembro de la organización o directamente el festival, se vean insultados, amenazados y con la reputación por los suelos sin tener, en algunos casos, ninguna culpa. 

Con esto, por supuesto, no quiero defender a nadie, solo digo que la información hay que contrastarla antes de viralizarla. No me gustaría entrar en detalle en ningún caso, pero he podido presenciar como una persona ha afirmado ser agredida por el personal de la organización e inmediatamente cientos de personas empezar a amenazar, insultar y difamar a esta persona. Lo que quizá no han hecho, ha sido hablar con el entorno e informarse de lo que realmente sucedió y el motivo por el que fue (o no) agredida esta persona. Por supuesto, en ningún lugar justificaría esta agresión de haberse producido.

La gente no se da cuenta de que un festival no es algo sencillo de organizar (para muestra un botón) y que la gente involucrada está haciendo su trabajo lo mejor que puede y jugándose su sueldo. Es muy sencillo llegar como público (o acreditado de prensa) sin ninguna obligación y sin haber pagado ni un duro (en el caso especificado) e intentar violar las normas del festival y amenazar o difamar públicamente a la persona que trata de hacer cumplirlas, ya que tú no tienes nada que perder. Las normas están para cumplirlas señores, no hagamos más complicado el trabajo de una organización que está trabajando para que el público tenga la mejor experiencia posible y disfrute de unos días de amigos, música y descanso. Quizá, uno de los factores, como comentaba anteriormente, es la juventud de algunas de estas personas, que posiblemente sea su primer o segundo festival y se consideren con la autoridad para hacer o deshacer a su antojo.

Olvidándonos de este tema y ya para terminar, no quería despedirme sin antes comentar el tema de los saqueos en las barras. ¿Qué está pasando? ¿En qué momento se decidió que ante el descontento por algún acontecimiento negativo en un festival la mejor opción es saquear las barras? ¿Estamos en el siglo XXI? Una vergüenza. Y no solo una vergüenza por los que deciden entrar a coger todo lo que puedan e irse, una vergüenza también por los que deciden grabar la escena y subirla a redes sociales, así como una vergüenza para los que deciden viralizarla como hecho gracioso y digno de admirar.

En fin, creo que en España tenemos mucho camino por delante para estar a la altura de los festivales europeos y la culpa no es, en gran parte, debida a la mala organización de un festival, sino a la mala educación del público asistente. Conductas como las descritas anteriormente deberían ser denunciables y constitutivas de delito, tanto de los actores como de la gente que se dedica a viralizarlas en las redes sociales.

¿Pensáis, como yo, que gran parte del público español asistente a los festivales tiene que mejorar o seguís pensando que la culpa es de los promotores por no hacer las cosas perfectas?

Nota: con este artículo no trato de defender a los festivales ni de decir que no cometan fallos, por supuesto que lo hacen (y gordos), pero esto lo trataré (o alguno de mis compañeros) en otro artículo.

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